El poder de una madre consciente

Muchos de mis amigos y familiares con frecuencia critican mi decisión de estar de base con mis hijos (educación en casa), y es a veces un poco complejo ante la sociedad sustentar por qué la mujer no esta desperdiciando su vida, ni su potencial como muchos suelen etiquetarlo estando en casa con sus hijos. En mi vida profesional trabajé en voluntariado, con estudiantes, en empresa, en sector público y hasta en cooperación internacional, hice consultorías a nivel nacional e internacional y realmente nada ha sido tan retador ni ha requerido un profundo trabajo personal como estar con mis hijos.

El ser una madre al ciento por ciento implica mirarse al espejo de los hijos todos los días y ver de frente aquello que no queremos mirar, encontrarse con sus profundos miedos, dolores y traumas y tener que trabajarlos uno a la vez o con frecuencia muchos al tiempo.  Implica tener la capacidad de cambiar el ritmo, ser verdaderamente multitarea, ejercitar la paciencia, capacidad de escucha, capacidad de comunicación, gestión del tiempo, estudiar y formarse en múltiples aspectos de psicología, educación, desarrollo personal, finanzas y culinaria, entre muchas otras.

Ser madre de ciento implica estar expuesta todo el tiempo, porque con todos mis colegas siempre pude colocar cualquier máscara para ocultar mis debilidades o simplemente verme como quisiera ser vista, pero con mis hijos siempre estoy al desnudo, no importa cuantas o cuales máscaras quiera usar ellos tienen el poder de derribarlas. En casa unas palabras pueden derribar mi mundo y luego unas sonrisas crean algo mucho mejor.

Las recompensas no todos las entienden, son esas risas e incluso lágrimas, ver como cada día son más conscientes. Y ¿lo profesional? dicen muchos, en estos 10 años que llevo dedicada de base a mis hijos, cada vez que trabajo en cualquier proyecto, me doy cuenta que he crecido un montón como ser humano. Quizás para desarrollar un proyecto me toca actualizarme un poco más que mis colegas en la terminología de moda, pero evidencio como mi ser ha crecido mucho más que los que ejercen un trabajo ‘profesional’ de base, tengo mayor capacidad de crítica, conexión con las personas, concentración y gestión de los recursos, que compensan de sobra ese pequeño esfuerzo en terminología y avance tecnológico.

El poder de una madre consciente no está sólo en los maravillosos seres humanos que acompaña, que con su presencia crecen fuertes como robles y con alas que les permitirán llegar hasta donde sus sueños los lleven. El poder radica en ella misma, que cuando sus hijos no la necesitan tiene una inmensa capacidad de entregar ese amor y capacidad al mundo, para así construir una mejor humanidad.

Esperando que cada vez seamos más madres llenando de amor el planeta,

 

Catalina Heincke H.

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