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ADOLESCENCIA: MOMENTO DE SOLTAR

Cuando nuestros niños son pequeños una sóla palabra nuestra los hace sonreir, un abrazo y un beso calma los dolores, una mirada y regresan una sonrisa… luego, llega la adolescencia casi como un monstruo que poco a poco nos arrebata esos niños y nos los transforma en jóvenes, ese horrible momento en que nuestros besos ya no los alivian, nuestras palabras pocas veces las confortan, más bien los molestan, en que no sabemos si abrazarlos o alejarnos, pues parece que hagamos lo que hagamos no va a funcionar.  Sus rutinas cambian, en ocasiones no se hayan, sus emociones están a flor de piel y nosotros los padres con frecuencia miramos con espanto estos seres que ya no se parecen a nuestros hijos.

Sin embargo, si damos un paso atrás y respiramos profundo, descubrimos que el problema no son ellos, somos nosotros, nos cuesta trabajo aceptar que es momento de dejar ir nuestros pequeños niños y abrazar a nuestros jóvenes, que es su momento de construirse y su cerebro los obliga a diferenciarse de nosotros.  Si esta ‘rebeldía’ no te la tomas personal verás la magnificencia del proceso, y como todas aquellas semillas de amor que en su infancia sembraste en su interior están listas para comenzar a germinar, quizás, y en mi caso la parte más dura, es entender que ya su felicidad no depende de mí, que ya sólo debo estar ahí y apoyarlos, pero en muchos casos observar desde la barrera y entrar sólo cuando soy invitada, y esto ocurre mucho menos de lo que quisiera.  

Otro punto complejo y realmente crucial es soltar aquella idea que fijaste que tu hijo debería ser, porque entre más te preguntes por qué no es como te lo imaginabas menos lo aceptas, y así no se diga en voz alta ellos lo perciben, refuerzan el contrario a tu expectativa y se alejan, en la medida que no aceptemos la versión de nuestros hijos que hoy tenemos en frente se genera un muro invisible entre ellos y nosotros. En mi caso, me costó muchísimo dolor el entender esta realidad, pues a veces complicamos la idea de relacionarnos con nuestros hijos para convencernos que de verdad los estamos aceptando tal y como son.  

Algunos padres tienen ideas sobre sus hijos fácilmente identificables como quiero que sea bueno en lo académico, deportes, etc. otros, como era mi caso, ideas más complicadas de identificar como que sean felices, libres, interesantes, populares, y un sin fin más de posibilidades.  Sin embargo, independientemente de cual sea la idea que se tenga preconcebida nos impide honrar el proceso individual de nuestros hijos, nos impide amarlos verdaderamente, pues en lugar de honrar su proceso intentamos que sean el reflejo de algo que nosotros fijamos.

Sin embargo, lo que he experimentado con una inmensa alegría, es que cuando identificamos esa idea que intentábamos a toda costa de lograr y dejamos que nuestros hijos verdaderamente SEAN reverenciando ese maravilloso ser que son, el muro se derriba, la relación florece con unos maravillosos frutos que no conocíamos y reconfortan nuestra alma.  Y ¡sorpresa! ¡esos seres si que se parecen a nuestros hijos!.

 

Tejiendo un puente con tu corazón,

 

Catalina

Catalina Heincke

Gestora de Aló Padres - Apasionada por el aprendizaje y la familia. El acompañar el proceso de educación y ver crecer a mis cuatro hijos ha sido mi mayor universidad. Creo en el amor como el poder fundamental para el cambio hacia el mundo que sueño en dónde todos podamos vivir en armonía y desarrollar plenamente nuestro potencial individual.

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