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Cuando todos te miran

Estás en la calle, en un centro comercial o en una reunión de familia, de pronto por alguna razón, que quizás tú ni entiendes bien, tu hijo estalla en llanto, se tira al suelo, te grita te odio, o le pega a su hermanito(a) y tú sientes que todos te miran. Hagas lo que hagas sientes que alrededor emitirán un veredicto sobre tu hijo(a) pero especialmente sobre ti como madre o padre.

Así me he sentido muchas veces, además, casi siempre el tema que detonó aquel estallido me enganchaba emocionalmente, me costaba mucho entender a mi pequeño(a), ponerme en su lugar, con frecuencia mi propia niña herida tomaba el control, y en automático repetía patrones aprendidos, ni si quiera recordaba en ese momento que quería practicar una educación consciente.

Primero intentaba calmar o por lo menos callar el pequeño(a) que todas las miradas se apartaran, sentía como si fuera una gran falla propia, me enganchaba si había algún comentario negativo… En esto, al ser patrones en automático casi que en un 100% de veces empeoraba la situación, ¿educar con amor? ¿ser una madre consciente? son preguntas que quedan por fuera cuando se actúa en automático.

Cuando me pillo en esta situación y mis patrones están a punto de tomar el control, he aprendido que un poco de humor ayuda a aligerar la carga. En mi caso el que casi siempre surge es ‘¿quién será la mamá de este pequeño(a)? y me rio’. Este tipo de comentarios hace que mi niña interior se relaje y que mi adulta pueda ser quién entre en acción.
Ponerme al nivel del pequeño(a), intentar entender lo que sucede, validar sus emociones son pasos iniciales simples si el adulto está a cargo. Casi imposibles si el que está a cargo es el automático.

También aprendí gracias al eneagrama que nuestra personalidad opera desde tres centros, el emocional, el racional y el de la acción, cuando nos desbalanceamos alguno está muy activo y los demás inactivos así que balancear los tres centros es muy importante, y sorprendentemente simple cuando estás operando desde la consciencia.

Normalmente uno de estos centros es el más activo en tu hijo(a) y eso ya de entrada te da una pista, así que la observación, atención y escucha permanente te garantizan la suficiente conexión para poder operar con la cabeza caliente. Luego, en el momento es importante mirar en esa situación cómo se puede entrar y probar los tres centros.
Por ejemplo, si lo primero que necesita es contacto físico, o preguntar qué le sucedió y cuáles son los hechos que lo(a) molestan, o cómo se siente y qué puedo hacer para que se sienta mejor. Cada niño(a) y cada situación requieren un camino especial, siempre recorrer los tres centros nos ayuda a ellos y a nosotros a balancearnos y juntos crecer con esta oportunidad de aprendizaje.

La educación consciente es una consecuencia del estar presente, aquí y ahora. La verdad no sé cómo reaccionan las demás personas después del chiste y lo que hago después, porque al haber soltado la presión social con humor, hace que yo ya no sienta las miradas, no sé si se mantienen o no, para mí en ese momento sólo existimos mi hijo(a) y yo, en un presente eterno y en una conexión amorosa.


Tejiendo un puente de amor,
Cata Heincke

Catalina Heincke

Gestora de Aló Padres - Apasionada por el aprendizaje y la familia. El acompañar el proceso de educación y ver crecer a mis cuatro hijos ha sido mi mayor universidad. Creo en el amor como el poder fundamental para el cambio hacia el mundo que sueño en dónde todos podamos vivir en armonía y desarrollar plenamente nuestro potencial individual.

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