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Reverenciando su proceso

Considero que de manera errada el sistema educativo nos ha hecho pensar en los seres humanos y especialmente los niños como en vasos vacíos, los cuales deben ser llenados con contenidos por expertos; y así los padres, cuidadores y acompañantes con frecuencia asumimos el rol de intentar llenar a los niños con nuestra ‘sabiduría’, adiestrarlos en lo que se debe o no hacer, decir, e incluso sentir.

En contraposición, dice Foucault que puede verse el ser humano como un vaso lleno, el cual simplemente hay que acompañar en su propio proceso de aprendizaje. Y considero que más que sólo verlos como vasos llenos a acompañar, nuestros hijos son seres plenos, completamente capaces de aprender y también de enseñar, no sólo sobre el amor sino también los contenidos, que no sólo deben acompañarse sino reverenciarse, pues permitiendo su libre desarrollo, sus deducciones frente a los contenidos que la escuela llama obligatorios son mucho más profundos y claros que lo que yo misma logré aprender en el colegio, universidad y maestría (y la mayor de mis hijos tiene 13 años).

Con mis hijos cada día evidencio que son seres con total capacidad de aprender siempre que lo necesitan y quieren, y eso incluso a pesar de mí. Claramente, pocas formas de la manera que yo considero debería ser y casi siempre sin que yo tenga muy claro el proceso que realizaron para aprender, pero eso es lo más mágico del proceso y a la vez lo más retador para mí. Voy a ampliar un poco la idea con el ejemplo del aprendizaje de la lectura de mis dos hijos mayores.

Mi hija mayor hizo un proceso de lecto-escritura que si bien no fue completamente claro para mí si estaba dentro de lo que esperaba, ella tenía interés en los libros, me preguntaba qué dice aquí señalando palabras, intentaba escribir y era frecuente que me preguntara como escribir algo o cómo se utilizaba una letra. Así que cuando finalmente leyó era esperado, no claro cómo fueron sus procesos mentales pues yo sólo contestaba preguntas y le leía mucho. Cuando pidió que le enseñara a leer simplemente intensificamos nuestras jornadas de lectura, pero no hubo un proceso, al menos para mí, de la letra, la sílaba, etc. sino que cuando nos quiso mostrar que ya leía lo hizo de corrido. (Más detalles de su proceso)

Con el niño, el proceso fue totalmente diferente y aún más sorpresivo para mí. Él no mostraba ningún interés en las letras, ni los libros, ni las palabras, cuando le leía ni siquiera estaba pendiente o quieto, o correteaba por ahí, pintaba o se dormía. Muy rara vez preguntó como escribir algo, así que cuando tenía siete años y medio yo estaba entre la encrucijada de si aceptaba la presión y le enseñaba a leer o si esperaba (aunque de verdad tenía la duda que lo hiciera). Un día de manera totalmente sorpresiva luego de colorear una mándala me dijo ¿mami puedo escribir yo aquí una frase? Le dije sí pensando que jugaría a escribir y luego me diría lo que decía, cuando escribió una frase completa, no sólo con todos los elementos correctos que requiere para comunicar una idea, sino además poética. Qué pasó? Aún es un maravilloso misterio para mí. (Más detalles sobre su proceso)

Veo como ese proceso básico de lectura tiene una impronta muy especial con su personalidad, gustos e intereses. La mayor de 13 años no sólo disfruta leer libros que para mí son muy complejos, como las tragedias griegas por ejemplo, sino que aprende e investiga ampliamente con los libros, disfruta escribir y tiene muchas habilidades en el tema. El niño de 11 años, no es tan lector, utiliza la lectura como un medio para solucionar problemas (incluido el aburrimiento), disfruta mucho más escribir que leer, aunque en su comunicación incluye más elementos gráficos que las solas letras y palabras.

Actualmente estoy viendo como mi tercer hijo de cuatro años desarrolla un proceso muy diferente que los dos anteriores, tiene mucho más interés en los números que en las letras. Sin embargo, de una manera que es aún más extraña para mí con los números intenta escribir y también relaciona la lectura con los números, en unos años veremos en qué termina. Por ahora, sólo me da luces que quizás la división que siempre di como un hecho entre los números y las letras no es tan real, quizás haga muy pronto un análisis del aprendizaje de las matemáticas en los dos mayores más concienzudo, pues si lo pienso bien, al tiempo que mis dos hijos grandes leyeron descifraron los aspectos básicos de la suma, la resta, la multiplicación, los fraccionarios, e incluso teoría de conjuntos.

Sin embargo, más allá de los títulos que el currículum le de a cada conocimiento para etiquetarlo, o los procesos neuronales que implica cada aprendizaje, creo que cada tema que aprenden a su ritmo y con su propio proceso lleva una impronta de su esencia, su alma, y para mí como la acompañante de estos seres magníficos una lección de vida, de amor, una reverencia a la magnificencia de la humanidad y a cada proceso individual.

 

Con amor,

 

Catalina Heincke H.

 

 

 

Catalina Heincke

Gestora de Aló Padres - Apasionada por el aprendizaje y la familia. El acompañar el proceso de educación y ver crecer a mis cuatro hijos ha sido mi mayor universidad. Creo en el amor como el poder fundamental para el cambio hacia el mundo que sueño en dónde todos podamos vivir en armonía y desarrollar plenamente nuestro potencial individual.

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